¿Por qué se extinguen los animales?
Son muchas las causas que concurren en la extinción
de los animales, pero por distintas razones en muchos
casos no es posible dar un motivo exacto. Por ejemplo,
algunas especies se han extinguido sin que tuviéramos
conocimiento de su existencia. Este puede ser el caso
de algunas especies endémicas de Sudamérica
que se han extinguido antes de que los científicos
pudieran describirlas, y cuando esto ocurre no es
posible precisar si se trata de una especie, una subespecie
o bien de un endemismo que no tiene características
esenciales diferentes de otro superviviente.
Por otra parte, estamos acostumbrados a clasificar
los animales en dos grupos antagónicos: “buenos”
y “malos”. Los primeros presentan un aspecto
agradable, como el oso panda gigante y el koala, y
merecen toda nuestra consideración. Los incluidos
en la categoría “malos”, cuyo aspecto
es desagradable, monstruoso y hasta repulsivo, o que
carecen de valor económico, como las serpientes
y otros reptiles no merecen ningún respeto
en incluso muchos consideran beneficiosa su erradicación.
No resulta fácil convencer a los Gobiernos
del riesgo de extinción que corren los animales
hasta que éstos no están prácticamente
al borde de la desaparición definitiva. La
razón fundamental para mantener un animal fuera
de todo posible riesgo de peligro es que sea “bueno”.
Cuando el animal es “malo”, ni siquiera
se plantea la cuestión. Sin embargo, son los
animales “malos” los que corren peligro
de extinción, no los “buenos”.
En general, las causas de extinción pueden
dividirse en dos grupos: las que privan al animal
de su hábitat y de los productos que constituyen
su dieta básica, y las que tienden a masacrarlo.
En la mayoría de los casos concurren ambas,
como ha sucedido, por ejemplo con el rinoceronte.
En los últimos 2.000 años muchas especies
han desaparecido por causas naturales: especies endémicas
isleñas por erupciones volcánicas, huracanes
y otras catástrofes. Pero la incidencia de
estos factores en las numerosas extinciones registradas
a lo largo de los últimos 20 siglos ha sido
mínima. ¿La desaparición del
mamut Elephas primigenius, que se produjo entre finales
de la última glaciación y principios
de nuestra era, fue provocada por el cambio climático
subsiguiente a la retirada de los hielos o por la
acción directa del hombre?
Aunque carecemos de argumentos firmes para inclinarnos
por una u otra causa, lo más probable es que
se deba a la persecución de que fue objeto
por los cazadores primitivos. Sin embargo, no cabe
ninguna duda sobre las causas de las centenares de
extinciones recientes. En los últimos 300 años
la causas de mayores cambios provocado en el mundo
animal ha sido la destrucción de su hábitat:
el drenaje de los pantanos y la tala y quema de los
bosques en beneficio de la agricultura han modificado
sensiblemente nuestro planeta. La destrucción
del hábitat ha sido la causa fundamental que
ha llevado a la extinción a los lémures
de Madagascar, los tapires americanos y el gamo persa,
aunque también ha jugado un destacado papel
la persecución directa por parte del hombre.
La extinción de la agricultura y la caza para
aprovechar su piel estuvieron a punto de exterminar
al bisonte americano. Aunque quizá sea exagerado
afirmar que la captura o muerte de distintas especies
con fines comerciales las haya llevado a la extinción,
no cabe duda de que estas actividades han causado
estragos en todo el mundo.
Como causas indirectas podemos señalar la introducción
de otras especies ajenas al hábitat, unas domésticas
y otras salvajes, que actúan como competidores
de los recursos alimenticios o como depredadores directos.
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